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Difรญcilmente el debate habrรก resuelto el problema de fondo: muchos ciudadanos no sienten que estรฉn ante dos proyectos convincentes, sino ante una decisiรณn empujada por el miedo.
Keiko Fujimori y Roberto Sรกnchez llegan al 7 de junio con una legitimidad de origen estrecha. En primera vuelta sumaron alrededor del 29% de los votos vรกlidos. Mรกs de siete de cada diez electores eligieron otra alternativa. Ese dato no invalida la elecciรณn, pero obliga a mirar con cuidado la naturaleza del mandato que surgirรก de ella. Quien gane tendrรก legalidad, pero no necesariamente una mayorรญa polรญtica detrรกs.
La campaรฑa ha buscado ordenar el escenario en torno al temor por el โmal mayorโ. De un lado, se sostiene que votar por Keiko es cerrar el paso a una izquierda asociada al comunismo, al desgobierno, la improvisaciรณn y la sombra de Pedro Castillo. Del otro, se afirma que votar por Sรกnchez es impedir el retorno de un fujimorismo que carga con una historia autoritaria, una prรกctica de obstrucciรณn polรญtica y una vocaciรณn de control institucional. Ambos argumentos tienen asidero. Pero reconocer los riesgos de una candidatura no obliga a absolver a la otra.
Por eso resulta discutible presentar el voto blanco o nulo como irresponsabilidad. Es una opciรณn vรกlida. No es abstenciรณn ni indiferencia. Es ir a votar y decir que ninguna de las dos alternativas merece respaldo. Se puede considerar que Keiko representa continuidad con una forma de poder que debilitรณ instituciones y protegiรณ la corrupciรณn. Tambiรฉn se puede considerar que Sรกnchez no ofrece garantรญas suficientes de solvencia, autonomรญa y gobernabilidad, sobre todo por sus vรญnculos con el castillismo y Antauro Humala. Rechazar ambas posibilidades no es inmadurez polรญtica; puede ser una conclusiรณn razonada.
Algunos partidos y lรญderes que quedaron fuera de carrera han optado por alinearse con una candidatura. Otros han decidido no apoyar a ninguna o incluso llamar al voto viciado. Esa diversidad confirma que no hay una รบnica conducta democrรกtica aceptable. Votar por uno para bloquear al otro es legรญtimo. Votar blanco o nulo tambiรฉn lo es. Lo que no resulta legรญtimo es colocar una superioridad moral sobre quienes no quieren ser incorporados por la fuerza a una polarizaciรณn que no los representa.
Tampoco conviene sobredimensionar sus efectos. El voto blanco y nulo nunca ha anulado una elecciรณn presidencial en el Perรบ y el umbral legal es extremadamente alto. Su valor no estรก en producir una repeticiรณn electoral, sino en expresar un desacuerdo polรญtico. Es una seรฑal sobre la crisis de representaciรณn y la pobreza de la oferta electoral.
La segunda vuelta decidirรก quiรฉn gobernarรก. Pero no puede obligar a todos a fingir entusiasmo. En democracia, elegir entre dos opciones es un derecho. Negarse a respaldar a ambas, tambiรฉnโ.















