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CIEN DÍAS

Lincoln Onofre, Politólogo
Escuchar o leer diversas columnas de profesionales y periodistas de distintas orientaciones, profesiones e intereses nos da un panorama acerca de la percepción ciudadana sobre la gestión local y regional, de las demandas que existen y, de la evaluación a la palabra empeñada durante la campaña electoral. Dudo que tanta coincidencia sea mera ojeriza a las autoridades de turno, como señalan los escuderos. Como dice el refrán: “Si el río suena, es porque piedras trae”. Así también, al revisar el informe de los 100 días que elaborara el equipo del gobernador regional y el alcalde provincial da la impresión que, tratándose de un mismo espacio territorial, se habla de dos mundos diferentes.
A nivel local, pareciera que la autoridad edil continúa en campaña electoral, porque aún se oyen promesas y visiones de la ciudad adecuadas a un público circunstancial. Acciones emprendidas (y advertidas) a inicios de su gestión sobre la movilidad urbana y el cierre de discotecas quedaron en un intento fallido, quizá por la estructura funcional de la institución, por las redes de corrupción que existen al interior del municipio o, porque se trataba de actuaciones temporales; al final, para el ciudadano, lo que cuenta son resultados. En ese mismo camino se encuentran otras acciones como la arborización urbana, los #TrashChallenge o la centralización del recurso humano en tiempos de carnavales y Semana Santa. Creo que ninguna de las actuaciones descritas son sostenibles en el mediano y largo plazo; ya que, no es posible mantener la continuidad de cerrar las calles del jirón Quinua, destinar un gran contingente de serenos en una sola manzana o concentrar al personal de limpieza en el centro histórico. La ciudad es más que este espacio y la autoridad tiene responsabilidad sobre toda la provincia.
Ante la ausencia de una estrategia clara para combatir los principales problemas públicos de la ciudad se ofertan otras acciones (positivas) como la arborización de barrios. Estas se valoran en un radio reducido, pues solo son aprovechados por los vecinos más próximos, pero, ¿si en el mediano plazo estas ofertas son demandadas por otros barrios?, ¿el municipio tendrá los recursos humanos, logísticos y económicos para afrontarlas? Del mismo modo, la limpieza de la ciudad no se reduce a un #TrashChallenge, no se trata de un reto de las redes sociales; sino, más bien, de un proceso integrado de gestión de los residuos desde la fuente hasta la transformación de los mismos. El ejercicio de la función pública está por encima de los actos voluntariosos y las modas como los #Challenge.
A nivel regional, tras la resaca electoral, las promesas insostenibles han pasado a segundo plano, pero, junto a ellas, también se fueron los planes de gobierno y compromisos firmados a diestra y siniestra. En la presentación del informe de los 100 primeros días se destacaron las “agendas provinciales”, una suerte de diagnóstico participativo de necesidades y brechas que deberán superarse en los próximos tres años y nueve meses. ¿Se gastaron recursos públicos para (re)descubrir brechas que están expuestas y son de dominio público? ¿Cuál es la diferencia entre la brechas de educación rural- urbano 2017 que expuso el gobernador y aquella que refiere la prueba ECE? Bastaría con revisar los resultados de dicha prueba para arribar a la misma conclusión. Un recorrido por la base de datos del Censo 2017 (INEI) o de sectores como el MINEDU, MINSA, MIDIS, MTC, entre otros, ayudarían a economizar viáticos y transporte.
Otra contradicción que se evidenció en la presentación de los 100 días está relacionado a la lucha contra la corrupción. Durante la campaña, el gobernador regional se comprometió a que ningún funcionario de confianza de la gestión de Wilfredo Oscorima continuaría durante su gobierno, pues en Musuq Ñan querían marcar la diferencia desde el primer día. Sin embargo, en la actualidad es sabido que muchos funcionarios se mantienen en cargos de confianza bajo el argumento de una “necesaria transición” y que debemos “separar la paja del trigo”. A la luz de los hechos, la paja persiste en el gobierno regional con la venia de la autoridad regional pues, pese a existir pruebas y denuncias por peculado, malversación u otro delito, estos funcionarios se mantienen en el cargo. Así, ¿a qué “necesaria transición” se refiere su asesor político?, ¿cuál es el mensaje que se da sobre la lucha contra la corrupción?, ¿será -como se especula- que carecen de un equipo técnico y/o político?
Compromisos con sector agrario, la lucha contra la anemia o la equidad de género han caído en saco roto. A la fecha, la ejecución del gasto presupuestal en el sector agrario es ínfimo y nulo en cuanto al programa articulado nutricional; la composición de los cargos directivos y gerenciales es preponderantemente masculino, pese a que existen mujeres profesionales que podrían asumir cargos importantes.

Si comparamos el desarrollo de la gestión local y regional, encontraremos problemas estructurales similares. En primer lugar, no existe una idea clara e integral de la región o provincia; de sus diferencias o potencialidades; de expectativas o realidades; sin esta claridad, la oferta y la demanda no solo no se encuentran, sino que, en un tiempo no muy lejano entrarán en conflicto.
En segundo lugar, la ausencia de una lectura integral (y honesta) del territorio, condiciona la formulación de políticas públicas que orienten, coordinen y articulen las acciones de las diferentes direcciones y gerencias. Esta falencia se visibiliza en la ausencia de una planificación orientada a resultados intermedios y finales (como la disminución de la desnutrición crónica, la productividad agraria, el desarrollo rural, entre otros), la desarticulación de acciones emprendidas en los diferentes niveles de gobierno o, la colisión de intereses de distintos stakeholders, cada uno con una lectura particular del territorio.
Si observamos al detalle las acciones emprendidas, pareciera que se trata de un conjunto de acciones positivas (de hecho lo son); pero, si abrimos el panorama, notaremos que estas se concentran en la ciudad de Huamanga, específicamente en el centro histórico, marginando la periferie. En el futuro, estas acciones se superpondrán, acentuando los problemas públicos de hoy como la congestión vehicular, la inseguridad, la gentrificación y la ausencia de espacios públicos. El sur de la región seguirá integrado a la costa de Ica, el VRAEM mantendrá el interés de convertirse en una región, Huanta estrechará los lazos con Huancavelica y Huancayo antes que con Huamanga y así, con las otras provincias.
Entonces, ¿se trata de puras “ojerizas” como señalan los correligionarios? O, más bien, del desencuentro de dos miradas, la de la autoridad y la del ciudadano; de la incompatibilidad entre la oferta y la demanda que suceden sobre un mismo espacio territorial.
Tal parece que, cien días después, todavía estamos cerca del día uno.




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