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¿EL OTRO OSCORIMA?

Jans Cavero

Yuri Gutiérrez, alcalde de Huamanga, se parece al ex Presidente Regional de Ayacucho, Wilfredo Oscorima. Ciertamente, no son iguales. Hay diferencias entre ellos, y muchas. Sin embargo, cuando manifiesta que los víveres donados a las comunidades de Tutumbaru y Calicanto no fueron de los programas de vaso de leche y comedores populares, sino que fueron adquiridos con su propio peculio, me trae a la memoria la labor samaritana que Oscorima solía desempeñar para ganarse popularidad.

Señor Gutiérrez, Huamanga no necesita para su gobierno municipal a una Teresa de Calcuta. Si su vocación es la labor altruista, que de por sí es loable y digno de reconocimiento, dé un paso al costado y dedíquese a lo suyo. Le aseguro que tendrá seguidores a ese nivel, incluido los Añaños, los Brescia, los Romero.

Lo que pide a gritos nuestra ciudad, y usted lo sabe bien, es un gobernante de nivel, capaz de implementar una gestión municipal de vanguardia; un líder político que tome decisiones adecuadas; un director de orquesta que ordene el diseño y la implementación de políticas públicas acertadas. En fin, la provincia requiere de gobernanza. Si su equipo adolece de limitaciones, contrate buenos asesores, directivos, y gestores públicos.

Una primera muestra de viraje, después de sus primeros errores y graves desaciertos, por ejemplo la designación de funcionarios, sería que presente públicamente su informe de viaje al País Vasco. A partir de su visita a Euskadi, ¿qué política pública trae como modelo para replicar en Huamanga?, ¿Qué experiencia de gobierno piensa replicar, la de Álava, Vizcaya o Gipúzcoa?, ¿qué ámbito de gestión pretende desarrollar a partir de la experiencia aprehendida? Si no hay resultados, se ha desperdiciado tiempo y dinero.

Mientras usted visitaba probablemente Bilbao, ciudad del museo Guggenheim, del estadio San Mamés, del puente Zubizuri, de la merluza en salsa verde, en Huamanga, la inseguridad ciudadana, el caos del transporte público, las discotecas informales, hacían lo suyo. Los venezolanos asentados en Ayacucho no son el problema señor alcalde; el problema son los delincuentes y desadaptados que pululan y acechan por nuestras calles, independientemente de su nacionalidad, raza, o credo.

A 25 días de iniciar su gestión, ha sido denunciado por presunto peculado. La denuncia, según los medios de comunicación, sostiene que los víveres donados fueron adquiridos por el municipio para los programas sociales de vaso de leche y comedores populares, razón por la que no podían destinarse a otro fin; usted, contradice enfáticamente la denuncia, asegurando que tales productos los compró con su dinero. Si hay proceso judicial, usted deberá demostrar su inocencia, lo cual no será complejo en un escenario en el que la actuación del Ministerio Público deja mucho que desear.

Lo que sí me ha sorprendido, sobremanera, es la propuesta que ha ensayado para combatir la inseguridad ciudadana: Toque de queda a partir de las 11 de la noche. En primer lugar, dicha propuesta no está en su plan de gobierno edil; en segundo lugar, carece de fundamentos sólidos para generar convicción en el órgano competente de decretar una medida como tal; en tercer lugar, se trata de una propuesta simplista y populista; finalmente, el toque de queda no resolverá el problema de fondo.

Si la inseguridad ciudadana fundamentara la adopción de medidas extremas, el Ejecutivo decretaría toque de queda en todas las regiones del país y por tiempo indeterminado, pues Lima, el Callao, Trujillo, Chimbote, así como las demás ciudades del país, padecen en mayor o menor grado el flagelo de la delincuencia común, el crimen organizado, el pandillaje, los asesinatos, entre otros flagelos.

Culmino rememorando que como ayacuchanos hemos sido testigos que esta medida no resolvió el problema del terrorismo. Por lo tanto, plantear el toque de queda para afrontar la delincuencia, el crimen, o el pandillaje, es como plantear la erradicación forzosa y compulsiva de la hoja de coca para luchar contra el narcotráfico del VRAEM.

A trabajar en serio señor alcalde. Está aún a tiempo de reivindicarse. Usted entró por la puerta grande al municipio provincial (elecciones democráticas) y no permita que se generen las condiciones para que se vaya de la peor forma (revocatoria).




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