CUANDO EL REMEDIO ES PEOR QUE LA ENFERMEDAD

Pinceladas para un gobierno local

Lincoln Onofre, politólogo.

El 3 de abril del 2018, la Municipalidad de Huamanga, a través del gerente de transportes, Fernando Dávila, lanzó la campaña “Respetemos la zona rígida”. La meta: liberar espacios en las calles que rodean el centro histórico de la ciudad (jirones: Libertad, Garcilaso, Mariscal Cáceres, Tres Máscaras y Carlos F. Vivanco) para el mayor flujo de vehículos. De acuerdo al relato, la calidad de vida de las personas está condicionada a la fluidez de la circulación de los vehículos; además insta a las personas a utilizar otros medios para trasladarse de un lugar a otro. En resumen, caminar o tomar el transporte público. En principio, he de reconocer su buena intención. Sin embargo, mostraré que el remedio podría resultar peor que la enfermedad.

 

Está demostrado que -en cualquier ciudad del mundo- ampliar las calles para los vehículos no aligera el tráfico vehicular, más bien el efecto es adverso; pues es un incentivo para que más vehículos transiten por estos espacios. Con esta medida lo que se le dice al conductor es: “hey!, hay más espacio para para que uses tu auto”. La av. Javier Prado en Lima o la av. Real Huancayo son ejemplos de ello, donde el desplazamiento de un lugar a otro puede llegar a quintuplicarse en horas pico.

 

Asimismo, el gerente manifiesta que la fluidez vehicular condiciona la calidad de vida de las personas. Este enunciado también carece de un sustento. La calidad de vida está relacionada a otros componentes, entre ellos la oportunidad de acceder a los servicios que brinda la ciudad; este acceso debe ser oportuno y de calidad. El derecho a la ciudad permite al ciudadano escoger voluntariamente qué servicio o medio utilizar para desplazarse de un punto X a un punto Y en un tiempo prudencial. Diversos estudios refieren que las personas pueden desplazarse a pie hasta cinco minutos; si el recorrido es mayor, optará por otro medio (bicicleta, taxi, microbús, etc.). Con la medida adoptada lo que va a generar es afectar la precaria calidad de vida que hoy tiene; pues, al incrementarse la “fluidez vehicular”, aumenta la contaminación ambiental, auditiva, el estrés y se incrementa el riesgo de sufrir accidentes de tránsito. También se reduce el paso peatonal pues tendremos trayectos vacíos (por ejemplo, desde el muro del colegio María Parado de Bellido hasta la I.E. 102) que en horas de la noche podrían convertirse en lugares inseguros.

 

Advirtiendo que esta medida no será suficiente, el gerente en mención sugiere que las personas opten por otras alternativas de desplazamiento: “sería bueno que la población […] cuando venga, […] pues venga a pie o en transporte público, ya que la ciudad no cuenta con garajes particulares”. En mi opinión la solución se encuentra en esta suerte de apelación que se hace. Se necesita generar las condiciones para que el ciudadano vuelva a las calles, decida caminar o montar una bicicleta en cualquier estación del año; requerimos ordenar el sistema de transporte público de modo tal que sea atractivo para el ciudadano de a pie y rentable para el empresario.

 

Por otro lado, el enfoque comunicacional que tiene esta campaña es represiva, no educadora; amenaza con sancionar a los infractores y acusarlos de no saber cuáles son las reglas: “… para que las personas tengan bien en claro cuáles son las zonas rígidas […] hemos puesto elementos de seguridad de una manera muy visual, a partir de la fecha contaremos quince días más para que la persona sepa […] que pondremos inspectores de transporte […] esta vez todos sabrán qué es zona rígida y después a partir de la quincena no habrá pero que valga; la multa […] será de 96 soles”. Existen otros mecanismos persuasivos donde las medidas no se impongan, sino, en el cual el ciudadano aporte a la construcción de una gestión participativa. Esas declaraciones responden a un enfoque paternalista y autoritario del gobierno de turno y de algunos funcionarios que aún existen en nuestra sociedad.

 

Finalmente, una campaña no va a solucionar un problema tan crucial como este; se requiere de una política pública local y decisión política que articule diversos programas y se materialice en acciones y campañas. Lamentablemente lo que no se hizo en tres años y medio, no se solucionará en medio año o quince días, como reza el enunciado.

 

P.D.: El video de la campaña está en el siguiente enlace:

https://www.facebook.com/munihuamanga/videos/1213063802160556/

 

 




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