HUAMANGA ¿CIUDAD ECOLÓGICA?

Politólogo Lincoln Onofre

Implementar y gestionar espacios verdes debiera ser una propuesta para la futura gestión municipal, para los candidatos. Los espacios verdes diseñados y dispuestos adecuadamente generan -cuanto menos- una rentabilidad social, ambiental y económica.

La pobreza económica ha limitado a un sector de la población el derecho de vivir con dignidad, restringe la calidad de vida; no tienen posibilidades para viajar, vacacionar, salir en familia y disfrutar de un momento de esparcimiento. Un gran parque nos brinda -a todos- un espacio; permite a las familias a optar por un paseo interminable, caminar, sentarse en el grass, bajo un árbol, disfrutar de un fiambre hecho en casa; ver correr a los hijos hacia los juegos infantiles, pasear con nuestras mascotas o leer. Un gran parque en el cual se pueda ofrecer diversos servicios recreativos al público o entidades privadas que lo haga rentable y autosostenible.

Hace un par de décadas escuchaba decir “Huamanga tiene el mejor clima para curarse del asma” y que los médicos recomendaban mudarse a esta ciudad para superar problemas respiratorios. En la actualidad, no hace falta ser especialista para advertir que la contaminación ambiental es cada vez mayor; que tenemos una geografía cada vez más desértica y las zonas agrícolas van extinguiéndose por el crecimiento urbano no planificado. Apostar por un parque ecológico es rentable en el mediano y largo plazo. Reduce el CO2 que expulsa el parque automotor, contribuye al ecosistema local y la gestión de riesgos de desastres naturales; genera un microclima para el hábitat de especies locales o migratorias y; podría ser autosostenible si se opera con energía renovable. Con ello estaríamos introduciéndonos a un modelo de Smart City.

Económicamente, un gran parque genera puestos de trabajo de manera directa e indirecta. Quienes recorren por estos lugares demandan servicios que se podrían ofrecer: restaurantes, kioscos, servicio de vigilancia y mantenimiento; venta de productos agrícolas o viveros. Sería una alternativa a la oferta turística que pretendemos, una opción para quienes disponen de medio día antes de viajar o un intermedio entre un circuito y otro fuera de la ciudad.

Un amigo, funcionario del municipio provincial, comentaba que ya no quedan muchos espacios públicos que puedan administrar. Pero estos parques públicos no tienen que ser exclusivamente de propiedad del municipio, se pueden generar e implementar estrategias con los dueños de las zonas agrícolas de tal suerte que se convierta en un ingreso adicional. Hace unos días caminaba por un inmenso bosque público – privado; compartimos el espacio con  ciclistas, maratonistas, familias, niños, mascotas; caminos señalizados rodeado por grandes propiedades privadas que, además de cultivar sus tierras, ofrecían platos típicos de la región con productos de sus propias chacras.

La demanda existe, es cuestión de tener las reglas claras (actualizar el mapa de zonificación, prever zonas estériles para el crecimiento de la ciudad, consolidar las zonas agrícolas, etc.) y aprovechar las oportunidades que existen en los ministerios (Ambiente, Agricultura, Cultura), fondos concursables o cooperación internacional.

 




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