EL PERIODISMO ENTRE EL LIBRE PENSAMIENTO  Y LA FARSA

Mario C. Zenitagoya B.  30/09/17

Apropósito del Día del Periodista peruano que se recuerda cada 1 de octubre. Plantear en estos tiempos de  “cuál es el rol del periodista  en la sociedad actual”, debe merecer  un análisis profundo de una realidad que se ha ido distorsionando a lo largo de las últimas décadas y donde  los medios de comunicación han cobrado una importancia jamás pensada. Gracias a ese periodismo  de investigación la corrupción se va replegando- por el momento – ante las denuncias públicas   mientras la mayoría de los medios de comunicación se han alineado a los intereses de grupos de poder económico, de autoridades de turno. Lo que ha generado especulaciones en estos días, es que si los gremios y Colegio de periodistas  deben “distinguir” a las autoridades de turno? Y por qué no a   periodistas y/ o ciudadanos de a pie  que silenciosamente, sin mucho aspaviento se comprometen con  la sociedad en el espacio donde se encuentra, sin mercantilizar su pluma. En sí, las autoridades están llamadas moralmente a  proceder a un reconocimiento o distinción que consideren conveniente.

Un gran sector de la opinión pública cree  que la prensa se ha convertido en un negocio lucrativo, los grupos de poder económico han monopolizado  los medios de comunicación, sin tomar en cuenta lo que establece  la Constitución Política.

El poder que adquirió la prensa, es de tal magnitud que la política y la economía se han plegado a lo que ha sido denominado “El cuarto poder”. Entonces se hace imprescindible hablar de la ética del periodista; es decir, de su responsabilidad y de los principios con los que se supone que ha de actuar para no afectar negativamente el curso de los acontecimientos. Pero los hechos muestran que la ética sigue siendo una utopía.

Entonces, nos preguntamos,  cuál es el rol del periodismo en la sociedad actual, considerando que el papel del periodismo y  del periodista en la sociedad, es el de crear conciencia sobre las diferentes situaciones que acontecen en pro de generar una mejor calidad de vida en todo sentido, advertir  acerca de las posibles consecuencias negativas o nada santas.

La libertad de información ha dejado de ser un derecho para convertirse en una mercancía. No importa la ética y veracidad de lo informado, lo que importa es llegar a la gente y convencerlas de una supuesta  honestidad  de los  políticos y  esa tarea  tiene su costo.

Para los entendidos en este campo, es un buen negocio para la clase política el manipular la verdad porque una sociedad desinformada es fácil de ser manipulada. En otras palabras, los dueños de los medios de comunicación deciden lo que es la  “verdad”, luego  la manipulación  de la información, como sucedió durante el fujimorato con los diarios chicha. Los negociantes de  la libertad de información por el momento disfrutan del billetazo  anteponiendo la ética y moral.

George Owell decía que  “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”.

Todavía hay mucho que aprender en las salas  de  redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín en medio de las tertulias sinceras y sugerentes. Los periodistas –decía Gabo- “no somos artistas” y muchos lo son.

 

 

 




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